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La cotorra de Carolina se extinguió por causas humanas

por Alberto Gil
Cotorra de Catolina

La cotorra de Carolina (Conuropsis carolinensis), una especie paradigmática de América del Norte se extinguió a principios del siglo XX por causas humanas, según investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE-UPF-CSIC) que han generado la secuencia genómica completa de la especie.

La investigación que publica la revista Current Biology se hizo analizando el genoma de un ejemplar naturalizado que conservaba un coleccionista privado en Espinelves (Girona) a partir del cual los científicos han desvelado la historia evolutiva de este ave, cuyo último ejemplar murió en el zoológico de Cincinnati en 1918.

El trabajo, en el que ha colaborado el Globe Institute de la Universidad de Copenhague y ha sido financiado por La Caixa y el Ministerio de Ciencia, ha explorado el genoma en busca de signos presentes en especies en peligro de extinción pero no los ha encontrado, lo que sugiere que la extinción de la cotorra de Carolina fue un proceso abrupto y únicamente atribuible a causas humanas.

Un ave icónica

La cotorra de Carolina (Conuropsis carolinensis) era un ave icónica de América del Norte, miembro de la familia de los loros que vivía en la latitud norte más alta del planeta, y se distribuyó desde el sur de Nueva Inglaterra hasta el Golfo de México, y hasta el este de Colorado.

Tenía un color llamativo: verde en el cuerpo, amarillo en la cabeza y naranja en la cara.

Las cotorras volaban en bandadas ruidosas de cientos de ejemplares y su caza intensiva fue habitual durante las últimas décadas del siglo XIX, en parte para obtener sus plumas y utilizarlas como decoración de sombreros.

Aún así, la causa de su extinción sigue siendo polémica: aunque su mortalidad excesiva podría estar asociada a la destrucción de su hábitat y la caza, su supervivencia también podría haberse visto afectada negativamente por su distribución cada vez más irregular o por la exposición a patógenos avícolas.

Reconstrucción del genoma

Ahora, los investigadores, dirigidos por Carles Lalueza-Fox (IBE) y Thomas P. Gilbert (Globe Institute), han reconstruido el primer genoma completo de la extinta cotorra de Carolina, que ha revelado la causa de su extinción: el hombre.

Los investigadores muestrearon el hueso de la tibia y las almohadillas de los dedos de un ejemplar naturalizado preservado en una colección privada que fue recolectada por el naturalista catalán Marià Masferrer (1856-1923).

Para mapear el genoma completo del ave tuvieron que secuenciar primero el genoma de un pariente vivo cercano, la ‘Aratinga solstitialis’ o cotorrita del sol de América del Sur.

El análisis de ambos genomas junto con cientos de otros genomas aviares determinó que la cotorra de Carolina y la cotorrita del sol divergieron hace unos 3 millones de años, coincidiendo con el cierre del Istmo de Panamá.

Semillas de xanthium

La cotorra de Carolina sentía especial predilección por comer las semillas de Xanthium, una planta con una sustancia tóxica que no parecía afectar al ave, pero que la hacía notablemente tóxica para sus depredadores.

Según ha explicado Lalueza-Fox, el análisis genómico reveló una posible adaptación a esta dieta a base de Xanthium en dos proteínas conservadas que se sabe que interactúan con esta sustancia.

Los investigadores también buscaron en el genoma signos de endogamia y disminución de la población que a veces se encuentran en especies en peligro de extinción, pero no los encontraron, lo que sugiere que su rápida extinción fue principalmente un proceso mediado por el ser humano.

Por otra parte, un estudio de 2018 publicado en Science of The Total Environment señala que se han encontrado evidencias de que los gorriones son capaces de adaptarse a la contaminación por plomo en áreas donde los niveles de contaminación son muy elevados.

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