Inicio Educación y Formación Una formación empresarial adecuada permite una mejor optimización de recursos y personal

Una formación empresarial adecuada permite una mejor optimización de recursos y personal

por Silvia García
Sinergias empresariales

La empresa siempre ha debido adaptarse a su entorno. Pero la situación actual, caracterizada por el adelanto tecnológico y, como consecuencia, de la amplitud de los mercados, ha acelerado bruscamente este imperativo.

Bajo esta situación, la empresa debe desmarcarse, ser creativa, altamente flexible y optimizar sus recursos creando sinergias entre sus distintos departamentos y área y creando incluso sinergias empresariales con otras organizaciones de su sector. Pero la empresa no es un ente indefinido y abstracto, sino una organización que dispone de unos recursos humanos y tecnológicos, generalmente limitados.

Por consiguiente, debemos tener presente que el éxito o fracaso de las empresas dependerá, en gran medida, de su organización y de su capacidad para optimizar estos recursos. Partiendo de estas suposiciones, la formación empresarial debe ser planteada de manera que se encuentre efectivamente orientada a prestar mejor servicio a la organización empresarial, contando así con los mejores recursos humanos dentro de su organización, y extendiéndolos a toda la entidad.

Si esto no es así, nos encontramos ante una formación empresarial ineficiente. Evidentemente, existe diferencia entre la enseñanza inicial adquirida en la etapa anterior a la incorporación al mercado laboral y los conocimientos que se adquieren a lo largo del desempeño de la actividad profesional, como consecuencia de la experiencia. Sin embargo, la formación empresarial debe asegurar la capacidad de dar soluciones a los problemas que se presentan en la práctica a través del conocimiento de las técnicas disponibles.

Ahora bien, tampoco se puede correr el riesgo de limitar el cargo empresarial a conocer y aplicar las técnicas que existen de gestión y dirección. La actividad real del directivo tiene como claves del éxito la capacidad de liderazgo y el establecimiento de una red de contactos internos y externos que les permitan obtener la información concreta, real y oportuna necesaria para acertar en sus decisiones. A esto se le une, su capacidad de crear sinergias dentro de los distintos equipos y de optimizar los recursos con los que cuenta en su organización.

Claro ejemplo de ello es el cambio que ha adquirido la selección de personal en los últimos años en España. El joven “yuppy” agresivo y con ganas de comerse el mundo ha cedido paso paulatinamente al joven motivado, de diálogo ágil y comunicativo y capaz de hacer de la empresa algo propio.

La formación, pues, no sólo debe considerar un núcleo básico de conocimientos sino también de habilidades y comportamientos, que les permita, en su conjunto, proporcionar al directivo la competencia necesaria para gerenciar situaciones complejas. Las necesidades de formación se sitúan, a partir de lo expuesto anteriormente, en asumir los diferentes niveles de dirección de equipos, para los que en muchas ocasiones es necesario consultar a un asesor que de una visión objetiva de la situación.

Y, por otro, en reforzar las técnicas y aprovechar los recursos que tiene a su alcance, esto es, los medios profesionales que permitan planificar, programar, organizar, normalizar, controlar y evaluar la gestión empresarial en las distintas áreas de la organización. Ello obliga a que la enseñanza debe basarse tanto en el método deductivo como en el inductivo.

Es decir, el individuo debe ser capaz de implantar la base conceptual adquirida en la etapa formativa a las situaciones concretas de las empresas y viceversa. Sobre el futuro directivo se debe trabajar la habilidad para generalizar y sintetizar los problemas, con la finalidad de que sea capaz de estructurar una solución común a las diferentes, pero intrínsecamente similares situaciones por las que se enfrenta la empresa.

Para resumir la situación, se puede concretar que toda actividad formativa empresarial, debe potenciar la creatividad, la capacidad de comunicación, de trabajo en equipo y el liderazgo, de manera que, complementados por las técnicas y herramientas de gestión y dirección, permitan al directivo del futuro organizar la empresa de manera que se optimicen los resultados, creando sinergias entre todos los equipos y optimizando todos los recursos de la organización empresarial.

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