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Las series históricas logran cada vez mayor espacio en la parrilla española

por Silvia García
Series historicas television

En los últimos años, las series de televisión de carácter histórico han ido logrando hacerse con un espacio desconocido en la parrilla española. Éxitos como Águila roja, Hispania, Imperium, y especialmente la serie de TVE Isabel, que cuenta las peripecias y enredos de palacio de la joven y perfecta reina, parecen suponer el despertar de un interés por la historia (más allá de la posguerra) por parte de las cadenas.

Como escribía Daniel V. Villamediana en La Vanguardia en 2007,  ¿Pero, realmente existe una atención específica por la Historia, o simplemente es un cambio de escenario para seguir narrando lo mismo? Hasta hace poco tiempo, en el cine de ficción hispano parecía que la historia se reducía a la guerra civil, no solo por su cercanía, sino porque sus herederos, los de uno y otro bando, querían seguir dando su propia versión de los hechos.

Lo cual, no dejaba de indicar, en el fondo, el miedo o la incapacidad de sacar adelante proyectos centrados en cualquier otro periodo histórico. Sin embargo, lo que no ha conseguido el cine convencional, lo han intentado las cadenas de televisión. Pero esta historia, tal y como se narra especialmente en Isabel, es la vieja historia, centrada en los grandes hombres e instituciones, motores de acciones y cambios.

Las técnicas narrativas, imprescindibles para atraer la atención del espectador, han obligado a los guionistas de estas series a contar la historia según los cánones de lo que era la historia en el siglo XIX, cuando se pensaba que la narración de estas siempre debía ser relatada a partir de las grandes figuras históricas y, sobre todo, de los vencedores.

Diferencias entre cine histórico y la «televisión histórica»

Aun así, cabe destacar una especial atención al tema de los judíos, asunto éste sistemáticamente ignorado en el cine español. Cine histórico ‘versus’ TV histórica. Una de las diferencias entre el cine histórico y la “televisión histórica” es que si en el cine normalmente la mayor dificultad (y el mayor coste) es la verosimilitud y la condensación de numerosos hechos históricos en poco tiempo, en las series de TV ocurre lo contrario, la verosimilitud no es tan relevante y la trama se expande y deriva continuamente. Y esos personajes, a medida que crecen episodio a episodio, van poco a poco adquiriendo rasgos cada vez más cercanos.

Se podría decir que comienzan históricos y acaban contemporáneos. Así sucede con la protagonista de la serie Isabel, una joven valerosa, decidida, independiente, femenina y reivindicativa de sus derechos. Ella resume muchos de los valores de la mujer contemporánea, eso sí, mezclados con una cierta beatería que pronto se pierde en cuanto tiene contacto carnal con su esposo Fernando. Demasiada castidad iría en contra del personaje.

Así, se la muestra más que como una aspirante a santa (algo que no encajaría en la sociedad actual), como una joven con miedo al sexo. Mediante esta cercanía, se construyen personajes para que semana a semana convivan con los espectadores. El cine, en cambio, plantea una experiencia histórica única y cerrada.

En la televisión, la historia parece no tener fin, lo cual permite que los problemas de los personajes, gracias a la cantidad de horas que se pasa el televidente viendo sus hazañas, pasen a ser también los del espectador. Tiempo histórico y tiempo presente se unen. Más bien se confunden, ya que, además, siempre se tratan problemas universales (odio, amor, tradición, celos, poder) que se disuelven en los históricos para lograr la complicidad del espectador. Así, no estamos precisamente ante una serie, caso de Isabel, con un marcado carácter político. Libre del habitual lenguaje soez de las series españolas (que incomprensiblemente siempre ha sido visto como “realista”), parece haber sido cuidadosamente desideologizada.

En Isabel, cuando se habla de Castilla no se trata ya de un término incómodo. Ha sido transformada en un término cada vez más abstracto y dúctil, algo así como la Invernalia de Juego de Tronos, cosa que ya apreciamos en los títulos de crédito y en algunos planos de transición, con un aire fantástico, muy distintos a las imágenes de la serie en sí, más teatral. Sin embargo, este alejamiento de la realidad histórica también produce una uniformización en aspectos como el habla.

Castellanos, portugueses, aragoneses y catalanes, se expresan todos del mismo modo, sin un rasgo distintivo que los caracterice. Hubiera sido una buena oportunidad para hacer una televisión estatal con acento

Por cierto, muchas de estas series, además de estar disponibles en sus respectivas plataformas de emisión, también se pueden encontrar de manera gratuita en el portal de series y películas online gratis xdede.

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